Asturias no comparte el punto de vista educativo de la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Su propuesta de crear un Bachillerato de Excelencia para los alumnos con mejores resultados en la ESO parece no tener apoyo en el sector educativo del Principado. Desde sindicatos hasta asociaciones de padres y el propio consejero de Educación dudan de las ventajas de la implantanción de un sistema “segregador y elitista” ni para los jóvenes que accedan al él ni para los que se queden al margen.
Según la propuesta de Aguirre diseñada para los centros madrileños, los mejores alumnos, aquellos que reciban el Premio Extraordinario en Secundaria o que consigan más de un 8 de nota media en 4º de la ESO, podrían acceder a una educación más exigente y de más calidad, acorde a sus necesidades. Herminio Sastre, consejero de Educación, apuesta, por cubrir estas necesidades desde una enseñanza integradora, “porque lo importante es fomentar la convivencia del alumnado y ser capaces con el profesorado y los programas que tenemos, de desarrollar los talentos y las capacidades”, aseguró ayer.
Segregación, competitividad, desigualdad. Estas son las palabras con las que FETE-UGT valoró la propuesta. En los mismos términos la define la Federación de Asociaciones de Padres de Asturias Miguel Virgós. “Los alumnos deben convivir con la diferenciación”, asegura Daniel Rodríguez, de UGT. Además, esta medida rompe los principios de derecho a la educación, tal y como están planteados en la sociedad actual, denuncia Tatiana Privolskaya, de la asociación de padres.
Como método para incentivar a los estudiantes, las opiniones son diversas. Mientras desde la Miguel Virgós consideran que “un buen alumno será siempre bueno y no necesita este tipo de motivación”, la Confederación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos y Padres de Familia (Concapa) ven en este modelo “un estímulo para los que estudian” que ahora “tienen que trabajar en un ambiente extraño”.
No comparten este punto de vista en FETE-UGT, que incide en que la educación en Bachillerato no es obligatoria, “en esas clases hay alumnos que quieren titular, que no están allí por la fuerza”, y que, por lo tanto, “no dan problemas” en las aulas.
José Manuel Martínez, presidente de Concapa, reclama que la educación “se adapte a las necesidades de cada alumno”, y en esta medida ve un posible modelo para trabajar con los estudiantes de mayor dotación intelectual. Sin embargo, Sastre opta por una propuesta diferente en Asturias. “Estamos trabajando globalmente con todo el alumnado desde el punto de vista de la integración, tanto con los alumnos que presentan dificultades, como con los que tienen grandes capacidades”, explica. Siguiendo la línea propuesta por el Ministerio de Educación, Asturias trabaja con el Programa Profundiza , que busca ampliar los conocimientos del alumnado con mayor capacidad. Además, el consejero recuerda que en los centros asturianos se hacen desdobles, hay profesores de apoyo e incentivan en momentos determinados. Pero rechaza de forma tajante dividir a los alumnos por aulas en función de sus notas.
Y es que, como insiste el pedagogo y decano de la Facultad de Formación del Profesorado, Juan Carlos San Pedro Veledo “hay que olvidar que el único objetivo de la educación es el rendimiento académico”. En el desarrollo del éxito en la vida influyen mucho más factores, como las habilidades sociales o la educación emocional, añade. La segregación que pretende llevar a cabo la propuesta educativa no ayudaría a cumplir estos objetivos, según el criterio de Veledo.
Eliminar de las aulas a los alumnos con mayor rendimiento tampoco es positivo para los que se quedan. “Contar con un alumno que destaca y utilizarlo de referencia en el grupo” es una gran ventaja que deben aprovechar los profesores. Por eso Veledo defiende que “todos” los centros asturianos sean excelentes.
Muchos ven en esta propuesta una “medida populista”, “una forma de desviar la atención” o una “estrategia electoral”. Sea como sea, el sector educativo asturiano no comparte los beneficios de la segregación. “Las aulas deben ser reflejo de la sociedad, porque las personas que conviven en sociedad son las que resuelven los problemas”, concluye Sastre


